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martes, 23 de diciembre de 2014

LA ALMOHADA

En estas fechas ando un poco perdida, son muchos los recuerdos que me vienen a la mente y ni uno se libra de crear una sacudida en mi interior. En mis recuerdos puedo encontrar varios días que marcaron mi vida; como cuando no teníamos para comer y mi abuela sin que mi madre lo supiera me daba comida, recuerdo cuando le pedía a mi abuela que me adoptara, pero sobre todo recuerdo una noche en la cual pensaba que me estaba volviendo loca.

Mi abuela y yo fuimos a casa de una vecina, la cual tenía dos niñas con las cuales yo jugaba de vez en cuando; su madre era algo estricta y a veces la situación se le escapaba de las manos, llegando incluso a levantar la mano contra sus hijas por no llevar la cena a la mesa. Las niñas y yo estábamos jugando con las barbies, y queríamos construir un castillo, para ello cogimos una almohada que, accidentalmente, se rompió y el relleno de la almohada salió de esta; las niñas escondieron corriendo e incluso intentaron arreglar la almohada antes de que su madre la viera, yo ayudaba metiéndome el relleno en los bolsillos; justo cuando estábamos terminando apareció su madre, pillando a su hija menor con un puñado de relleno en la mano; había un montón en el suelo el cual cogí corriendo y me lo metí entre mi culo y el pantalón; su madre, muy enfadada, empezó a pegarles ( a las dos hijas), mi abuela al escuchar el jaleo separó corriendo a las niñas, para que no les pegara mas, pero ella aun llena de ira, obligó a la hija mayor que se comiera el relleno que tenía su hermana en la mano.

Tal como lo cuento aquí, su hija mayor fue obligada a que se comiera ese relleno de almohada, ya podéis imaginar lo duro que fue ver aquello para nosotras, y mas aun para esa niña y su hermana. mi abuela empezó a gritar y a llamar loca a la madre de las niñas, me cogió de una mano y me saco corriendo de esa casa. Una vez llegado a casa de mi abuela, no sabía que me pasaba, un fuerte dolor en mi pecho impedía que respirara, era algo raro que jamás había sentido, mi abuela me hablaba pero no entendía nada de lo que me decía, y mi cuerpo empezó a calentarse desde los pies hasta la cabeza, como si me pusieran boca abajo, de repente sin querer hacerlo comencé a gritar, no sabía por qué, solo gritaba; recuerdo que cogí una rana de porcelana situada en una estantería y la tiré con todas mis fuerzas al suelo quedando destrozada, no podía parar de gritar, sudaba como jamás había sudado, y las piernas me templaban; dejé de gritar cuando empezó a dolerme la garganta, me senté en el suelo y empecé a llorar, no entendía que me estaba pasando, había visto situaciones violentas anteriormente, y nunca me pasó eso. Mi abuela decía que era de la impotencia, yo sin embargo pensaba que me estaba volviendo loca.

Pasé varios días como si estuviera enferma, me dolía el cuerpo, estaba desganada, no tenía apetito, me notaba cansada; desde entonces no volvimos a casa de aquella vecina, y muchas noches recuerdo a esa niña, llorando mientras se metía el relleno en la boca y con mucha dificultad se lo tragaba.


El maltrato no entiende de edad, raza, sexo ni religión; es como una enfermedad la cual el maltratador/a  se siente y tiene la necesidad de sentir ese poder que el maltrato le aporta. Las personas que necesitan ese poder, no cambiarán jamas; no puedes pedirle a un manzano que te de peras; no puedes pedirle a una persona cruel, que deje su crueldad para ser alguien mejor, no esperes un cambio que en el fondo sabes que no llegará, ACTÚA.